Este martes en Estados Unidos, el Partido Republicano ha sufrido una gran derrota electoral en las elecciones de medio mandato o "midterms".
El desastre es de tal calibre que los demócratas han obtenido la mayoría en el Senado y en la Cámara de Representantes, lo que supondrá a partir de ahora un considerable freno a las políticas conservadoras, algo que sinceramente lamento. Además, los demócratas han ganado por primera vez en 31 años en Texas, uno de los más firmes bastiones del Partido Republicano. No es el caso más sorprendente: también han ganado en Kansas, algo que no lograban desde 1932.
Como ya sabéis, yo me considero una persona de derechas y un liberal-conservador, y siento admiración por Ronald Reagan, uno de los mejores presidentes que ha tenido Estados Unidos en el último siglo. Precisamente por ello llevo dos años criticando algunas de las decisiones de Trump, porque son una traición a los principios conservadores y a los ideales de defensa de la libertad en los que se fundamenta la verdadera grandeza de los Estados Unidos.
Trump no ha tenido reparos en traicionar a Ucrania, poniéndose del lado de un criminal de masas y enemigo de Occidente como Vladimir Putin, que lleva más de cuatro años y medio cometiendo toda clase de atrocidades en el marco de una aberrante invasión contra un país europeo. El pueblo ucraniano ha demostrado un patriotismo admirable que Trump no ha dudado en despreciar, reprochando repetidas veces a Zelenski que no hiciese un trato con los invasores.
En los últimos meses también hemos visto a Trump pactar con la dictadora socialista Delcy Rodríguez y traicionar a los demócratas de Venezuela, a cambio de hacerse con el petróleo de ese país. En mayo Trump dio la espalda a Taiwán, la China libre, tras una entrevista con el dictador comunista Xi Jinping, un nuevo giro con el que el actual presidente americano demostró lo fácil que es para los dictadores hacerle cambiar de parecer (primer el de Moscú y ahora el de Pekín). Este lunes, horas antes de las citadas elecciones, Trump también le daba la espalda a Israel, cediendo ante la campaña de la izquierda antisemita de Estados Unidos y también a las presiones de la ultraderecha antisemita, cada vez más fuerte en el movimiento MAGA.
A estas traiciones a aliados de Estados Unidos podríamos añadir los colosales disparates que Trump ha hecho con los aranceles, convirtiéndolos en una herramienta de castigo contra países amigos de EEUU por el simple hecho de tener una balanza comercial positiva, al mismo tiempo que aliviaba las sanciones a Rusia. Tampoco debemos olvidar otros gestos del actual presidente de EEUU, que hacen dudar seriamente de su cordura, como su afán por anexionar Canadá y Groenlandia, creando innecesarias y graves tensiones diplomáticas con dos países que siempre han dicho estrechos aliados de Estados Unidos.
No niego que Trump ha hecho cosas favorables a los valores conservadores, pero ¿a qué precio? ¿Qué necesidad tenía de cometer todas esas traiciones y esos disparates? Más allá de sus decisiones y de la orientación ideológica que pueda haber detrás de ellas, Trump ha exhibido una forma de hacer política que es impropia de una democracia, haciendo gala de un narcisismo y un autoritarismo que merecen ser criticados tanto si caracterizan a un socialista como Pedro Sánchez como si caracterizan a alguien como el actual presidente de EEUU. Y no le pongo adjetivos porque Trump ha demostrado que no es un conservador, sino un oportunista que carece de principios y que se mueve a menudo por meros caprichos o por su interés personal, algo en lo que también coincide con Sánchez.
En marzo del año pasado advertí aquí que Trump estaba abriendo el movimiento conservador en canal, creando una división que será difícil de cerrar. Me refería entonces a su traición a Ucrania, un hecho al que ahora podemos añadir todo lo demás que acabo de citar. Este martes las "midterms" demostraron el gran daño que Trump ha hecho a la causa conservadora en Estados Unidos, propiciando una gran victoria de un Partido Demócrata cuya ala socialista es cada vez más fuerte y más próxima al movimiento islamista. A Trump le quedan dos años de mandato para reparar todo el mal que ha hecho. Sinceramente, soy escéptico al respecto. Lo que espero, al menos, es que el Partido Republicano empiece a buscar un candidato más sensato y capaz de reconducir este desastre de cara a las próximas elecciones presidenciales.
La derecha europea debería aprender de lo ocurrido en Estados Unidos, ya no sólo porque eso la pueda perjudicar electoralmente, sino por una cuestión de decencia. La actitud servil que Trump ha exhibido hacia Rusia es algo nauseabundo y que ha defraudado a muchos conservadores de EEUU, con toda razón. Aunque eso le hubiese aportado alguna ventaja electoral, que no ha sido así, ceder ante los enemigos de Occidente es elegir el camino de la perdición para la derecha, tanto en el caso de Ucrania como en el caso de Israel y Taiwán, tres naciones libres que están asumiendo grandes sacrificios para defenderse de regímenes totalitarios como Rusia, Irán y la China comunista. Cometer una indignidad, como ha hecho Trump, acaba teniendo consecuencias: en este caso, defraudar a muchos votantes de derechas y que la izquierda acabe sacando tajada de ello.
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Foto: The White House.
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