Se repite el viejo truco de querer obligarnos a elegir entre agendas totalitarias

Ayer la trampa era ‘comunista o nazi’, hoy es ‘Soros o Putin’: yo elijo Polonia

Todos los movimientos totalitarios tienen algunas características comunes. Una de ellas es promover la pereza intelectual a base de grandes dosis de propaganda.

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En los años posteriores a la Primera Guerra Mundial, dos movimientos totalitarios se hicieron fuertes en Europa: el comunismo en Rusia y el nazismo en Alemania. Históricamente son presentados por muchos como movimientos antagónicos, pero da la casualidad de que ambos derivaban el socialismo. Un socialismo internacionalista en el caso del comunismo, y un socialismo nacionalista en el caso del nazismo (una abreviatura del término “nacional-socialismo”).

El auge de ambos movimientos dio lugar a sendas trampas intelectuales por parte de ambos. El comunismo usó el reclamo del antifascismo para captar a mucha gente de izquierdas, incluso a aquellos que veían con muy malos ojos a la dictadura bolchevique, a fin de presentar a Stalin como el enemigo por excelencia de la Alemania nazi. A su vez, Hitler utilizó el reclamo del anticomunismo para captar a mucha gente de derechas, incluso a aquellos que desaprobaban el carácter socialista del Partido Nazi, su antisemitismo y su paganismo.

Esa tramposa dicotomía entre ambos movimientos totalitarios llevó a muchos a ser señalados como “nazis” o “fascistas” por oponerse al comunismo, o de “comunistas” por oponerse al nazismo. Con las democracias liberales en crisis frente a ese auge de los totalitarismos, el debate público se redujo de forma tramposa a tener que elegir entre dos movimientos igual de anticristianos, antidemocráticos y antiliberales, y también igual de criminales.

La humanidad debería haberse curado de semejante estupidez después de comprobar los horrores y los crímenes del nazismo y del comunismo, pero no fue así. Hoy volvemos a ver la misma trampa propagandística: la de que quienes te acusan de ser cómplice de Soros y del globalismo si rechazas a un tirano criminal y nostálgico de la URSS como Putin, y la de quienes te acusan de ser fan de Putin si rechazas a ese tirano pero eres de derechas y no pasas por el aro de la izquierda, olvidando el apoyo del Kremlin a la extrema izquierda.

Pues bien: como ya dije la semana pasada, yo no estoy ni con Soros ni con Putin, de igual forma que condeno por igual el comunismo y el nazismo. Me niego a caer en la trampa de que me hagan elegir entre totalitarios. De hecho, igual que Hitler y Stalin se aliaron en 1939, iniciando juntos la Segunda Guerra Mundial, tanto Putin como Soros comparten su apoyo a organizaciones izquierdistas que promueven una agenda anticristiana y antiliberal en Occidente.

Yo tengo claro cuál es mi lugar en el mapa político. Estoy con el Cristianismo, estoy con la Libertad y el patriotismo, y por eso elijo Polonia, que fue la primera Nación en luchar a dos frentes contra esa alianza entre el nazismo y el comunismo, y que en la actualidad ha sido el país que más ha alertado -y con razón- contra el intento de Putin de imponer su voluntad por la fuerza para resucitar a su añorada URSS, al tiempo que defendía su soberanía frente a los intentos de Bruselas de imponerle la agenda ideológica de la izquierda. Los que tendrán difícil de aclarar con quién se han juntado son algunos de los que apoyan al canalla de Putin, cuando haya que hablar sobre lo que pasa en dictaduras como Cuba, Venezuela, Nicaragua o Irán, todas ellas aliadas de Rusia y apoyadas por ésta.

Repetir como loros las consignas y mentiras del Kremlin es complacer los caprichos y delirios imperialistas de Putin, y es todo lo contrario que defender el Cristianismo, la Libertad y el patriotismo. Y quien te diga otra cosa, miente como un bellaco. Apelar al “globalismo” y a Soros para apoyar a Putin, un tirano que ha defendido a Stalin, es tan estúpido como decir en 1940 que había que apoyar a Hitler porque americanos y británicos eran “malísimos”. Es pasmoso que aún haya gente lo bastante ingenua como para caer en esas burdas trampas.

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Comentarios:

  1. FaramirGL

    Olé, olé y olé.

    Soros y Putin son tal para cual. Ambos temen la libertad, temen SU libertad y odian la libertad de los demás, como todos los podemitas y demás morralla comunista.

    Como todos los ególatras obsesionados con el control.

    Ya lo explicaba Erich Fromm en “El Miedo a la Libertad”, aunque se refiriera sólo a los nacional-socialistas y excluyera de su tesis a los comunistas… porque él mismo era marxista. No veía la viga en su propio ojo, claro. No quería verla.

  2. Małgorzata Wołczyk

    Te lo agradezco en nombre de todas las polacas. Eres un tesoro y nuestro mejor embajador. Mereces todo lo mejor, espero que cuando pase esa tormenta…mi Polonia te agradecera como corresponde. Mil gracias.

  3. wladimir

    ser o no ser…

    es la cuestion…Soros y Putin son dos polos extremos de un mismo sistema antidemocratico y desestabilizador en que la izquierda progresista y sus secuaces Wokes asi como sus amigos socialistas y comunistas comulgan con ellos…

    aqui el unico camino es con naciones como Polonia y Ucrania,actuales defensores de la democracia y loa valores judeocristianos frente a los ataques de la dictadura totalitaria de Putin y sus socios…

  4. Viento

    Gracias por estos clarificadores artículos. Las personas de derechas que caen en las redes de Putin y su ideólogo Alexander Dugin a mi juicio es porque tienen una estructura mental autoritaria.
    En Rusia no ha habido una DESCOMUNISTIZACIÓN. La mentalidad, los métodos y la moral son los mismos que en la etapa soviética. El poder político tiene la última palabra sobre la propiedad y condiciona la economía.
    Sólo el tener anteojeras autoritarias impide reconocer el carácter represor y violento del neocomunismo de Putin.
    Putin es tan abortista como Soros. El que no haya abrazado la ideología LGTBI no lo hace bueno y menos puede llevarnos a ignorar los crímenes de Putin contra los disidentes rusos y sobre todo contra la sufrida y heroica población ucraniana. Si el único criterio de aceptabilidad es rechazar la ideología LGTBI entonces a Stalin y Fidel Castro habría que considerarlos personas decentes y no personas que, manchadas de sangre, han condenado a sus pueblos a la miseria y al terror.

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