La Fortaleza de Salvatierra de Miño

Hoy estuve en Salvatierra de Miño, a orillas del bello río que nos sirve de frontera con Portugal. Allí se alza la fortaleza que podéis ver en esta serie de fotos.

Construido entre los siglos X y XI, las primeras murallas de este castillo fueron levantadas en el siglo XII. En su interior se halla la Capilla de la Virgen de la Oliva, construida por los portugueses durante su ocupación de la fortaleza y que podéis ver en estas fotos. Cerca de ella está el Pazo de Doña Urraca, hoy rebautizado como Casa del Vino, que es la hermosa mansión de grandes vidrieras que aparece en esta serie.

La fortaleza, hoy restaurada y propiedad del Ayuntamiento de Salvatierra, se ha visto implicada en numerosos hechos de armas cuyas huellas aún se pueden encontrar entre sus piedras. La que más me llamó la atención es la que podéis ver en esta foto: se trata de tres escudos portugueses, dato se deduce de la aparición de la Cruz de la Orden de Cristo, tan popular al sur del Miño como la Cruz de Santiago en España y que todavía figura en las escarapelas de los aviones de la Fuerza Aérea Portuguesa, como os expliqué aquí en enero. Como podéis ver, de los escudos se conservan las coronas y los collares, pero las armas han sido borradas. Esto se debe a que la fortaleza de Salvatierra estuvo en manos portuguesas durante la guerra de separación de Portugal.

Dos años después del inicio de esa contienda, en 1642, el entonces Conde de Salvatierra, García Sarmiento de Sotomayor, confió el gobierno de este castillo a su amigo el portugués Gregorio Lopes de Puja cuando aquel cruzó el Océano Atlántico para tomar posesión de su cargo como Virrey de la Nueva España. Muchos portugueses combatían entonces contra quienes luchaban por la separación, y existen distintas versiones sobre la actuación del tal Lopes de Puja. Según algunas fuentes portuguesas Lopes tenía infiltrados entre los independentistas lusos que le informaban de los movimientos de aquellos. Según otras fuentes, él era en realidad un traidor que abrió las puertas de la fortaleza de Salvatierra a sus enemigos. El caso es que el 15 de agosto 1643 tomó la plaza João Rodrigo de Vasconcelos e Sousa, conde de Castelo Melhor (título que, cosas de la vida, le había otorgado el Rey de España Felipe III por su lealtad), en una operación de desembarco en la que contó con dos tantas de 250 hombres cada una (los que cabían de cada vez en las barcazas), encontrando una fuerte resistencia entre los gallegos. En los 16 años que poseyeron el castillo los lusos no perdieron el tiempo: levantaron las murallas actuales y mejoraron las defensas, de ahí que la puerta que veis ostente escudos portugueses. Los nuevos ocupantes de la fortaleza de Salvatierra la hicieron tan inexpugnable que a los españoles no les quedó más remedio que ocupar la vecina Monçao para cortar las líneas de suministro de Salvatierra y dejar a sus ocupantes aislados. El plan funcionó bien: Monçao cayó en manos españolas el 7 de enero de 1659. Diez días después, viéndose totalmente rodeados, los portugueses de Salvatierra -encabezados por el gobernador Antonio de Almeida- capitularon y la ciudad regresó a manos españolas.

Monçao no fue la única plaza portuguesa que cayó en manos españolas en aquella dura contienda. El pueblo cercano de Lapela, con su alta torre medieval, y otras plazas al sur del Miño también fueron tomadas por nuestros tercios. Los portugueses, a su vez, tomaron La Guardia, en la desembocadura del Miño, y Goián. El Tratado de Lisboa de 1668, con el cual terminó esa guerra y que supuso la independencia definitiva de Portugal, estableció la frontera en el río Miño y la devolución de las plazas ajenas tomadas por españoles y portugueses, que en los años siguientes fortificaron a conciencia las dos orillas del Miño, por si las moscas…

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