Esos buques fueron hundidos por sus propias tripulaciones en Scapa Flow

Así es como el hundimiento de 52 buques de guerra en 1919 contribuyó a la carrera espacial

A veces algunos hechos históricos aparentemente inconexos pueden llegar a relacionarse de una forma sorprendente, como el caso que nos ocupa.

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La flota alemana fue escoltada hasta Scapa Flow tras la Primera Guerra Mundial

Con la derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial, su formidable Marina de Guerra quedó a merced de los Aliados. Un total de 72 buques de guerra alemanes fueron conducidos por sus propias tripulaciones -escoltados por 370 buques aliados- hasta el fondeadero escocés de Scapa Flow, en las Islas Orcadas, donde se ubicaba la mayor base naval británica de aquella época. Allí sus cañones fueron inutilizados y sus tripulaciones fueron reducidas al mínimo imprescindible para mantener los barcos en activo hasta su entrega, que sería quizá la mayor humillación alemana del momento, pues aquella flota tenía todavía un tamaño suficiente para dar mucha guerra.

La flota alemana siendo conducida a Scapa Flow a finales de 1918 (Fuente: FirstWorldWar.com).

El hundimiento de 52 buques alemanes por sus propias tripulaciones

Allí, con la la flota fondeada en Scapa Flow, pasaron siete meses. El almirante alemán que aún dirigía aquella flota, Ludwig von Reuter, creyó que los británicos intentarían apropiarse de sus barcos el 21 de junio de 1919, y puso en marcha un plan para que aquella fuerza naval tuviese un final honroso: hundidos por sus propias tripulaciones antes que entregados al enemigo. Sin que se enterasen los aliados, se emitió una orden para hundir la flota ese mismo día. En total, 52 buques se hundieron durante 5 horas ante la impotencia de los británicos. Las aguas se tragaron 10 acorazados, 5 cruceros de batalla, 5 cruceros ligeros y 44 destructores. La Marina de Guerra alemana nunca se recuperaría de aquella pérdida, ni siquiera en la Segunda Guerra Mundial.

El acorazado alemán “Bayern” tras su hundimiento en Scapa Flow el 21 de junio de 1919. Fue uno de los buques hundidos que pudieron ser rescatados en el periodo de entreguerras (Fuente: FirstWorldWar.com).

Siete de los buques alemanes no pudieron ser rescatados

En el periodo de entreguerras, la mayoría de los pecios de aquellos 52 buques hundidos en Scapa Flow fueron llevados al sur del fondeadero y desguazados allí, para vender su acero como chatarra. Fue una tarea colosal, pero no todos los barcos pudieron ser rescatados. Siete de los buques alemanes estaban a demasiada profundidad como para poder recuperarlos, por lo que fueron abandonados allí. Eran tres tres acorazados (el “Markgraf”, el “Kronprinz-Wilhelm” y el “Konig”) y cuatro cruceros ligeros (el “Brummer”, el “Dresden”, el “Cöln” y el “Karlsruhe”). Sus pecios aún descansan en ese fondeadero, relativamente intactos, junto con los restos de dos acorazados británicos: el HMS Vanguard -hundido el 9 de julio de 1917 a causa de una explosión interna, una tragedia en la que perecieron 843 de sus 845 tripulantes- y el HMS Royal Oak, hundido el 14 de octubre de 1939 por dos torpedos lanzados por el famoso submarino alemán U-47, capitaneado por el intrépido Günther Prien.

La prueba nuclear Trinity, llevada a cabo el 16 de julio de 1945 cerca de Socorro, en Nuevo México (EEUU). Fue la primera detonación de un artefacto nuclear. Esta detonación, así como las explosiones atómicas de Hiroshima y Nagasaki y las pruebas nucleares hechas en los años siguientes acabaron irradiando toda la atmósfera y contaminando el acero fabricado desde entonces (Fuente: United States Department of Energy / Wikimedia).

Las explosiones nucleares y sus efectos en la fabricación del acero

Los pecios de aquellos buques habrían pasado a la historia y sólo merecerían hoy la atención de los aficionados al submarinismo si no fuese por dos hechos ocurridos al final de la Segunda Guerra Mundial: las explosiones de las bombas atómicas de la Prueba Trinity en EEUU y de Hiroshima y Nagasaki en Japón. Tanto aquellas detonaciones como las pruebas nucleares que se hicieron a lo largo de los años siguientes en distintos puntos del mundo marcaron un antes y un después en la fabricación de acero: desde 1945 todo el que se produce está contaminado por radionucleidos, pequeñas trazas de radiación que se extendieron por toda la atmósfera terrestre con esas explosiones nucleares y que contaminan el acero al utilizarse aire en su fabricación.

El pecio del acorazado británico HMS Royal Oak, que todavía descansa en el fondo de Scapa Flow (Fuente: Ocean Optics Ltd).

Una solución para la NASA: el acero de los pecios de Scapa Flow

Esas trazas de radiación son muy pequeñas como para afectar a los usos cotidianos que le damos al acero, pero afectan a la fabricación de cierto instrumental como los contadores Geiger para medir la radiactividad, cierto instrumental médico y científico y algunos instrumentos aeroespaciales que sirven para detectar la radicación. Esto supuso un problema con el comienzo de la carrera espacial. Los científicos de la NASA necesitaban acero que no estuviese contaminado, pero ¿dónde encontrarlo? Pues bajo las aguas. Daba la casualidad de que los pecios alemanes de Scapa Flow tenían acerco de buena calidad, al haber sido fabricados con el procedimiento Bessemer, y además, no estaban contaminados con radionucleidos, especialmente esos siete que permanecen bajo las aguas.

La sonda Pioneer 10, que viaja más allá del Sistema Solar, pudo ser una de las naves de la NASA en las que se usó el acero de Scapa Flow, según el historiador holandés Daniel van der Vat (Fuente: NASA).

Durante el programa Apolo, la NASA compró grandes cantidades de acero sacado de los pecios de Scapa Flow para elaborar aquellos instrumentos de gran sensibilidad que no podían fabricarse con el acero irradiado que se produce hoy. El historiador neerlandés Daniel van der Vat ha señalado que ese material procedente de los pecios de Scapa Flow se habría usado en el programa Apollo y en las sondas Voyager y Pioneer. La NASA nunca lo ha confirmado, pero tampoco lo ha desmentido. Resulta curioso pensar que una sonda que se encuentra más allá del Sistema Solar podría llevar a bordo acero extraído de buques de guerra alemanes de la Primera Guerra Mundial hundidos en Scapa Flow.

Foto principal: Historic Environment Scotland. Uno de los pecios de Scapa Flow.

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Comentarios (Blog):

  1. Marcial

    Muy interesante. Gracias.

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