Una enorme fortaleza cuyo origen se pierde en tiempos de leyenda

Bayona: el Castillo de Monterreal

El pasado domingo tuve la ocasión de recorrer el larguísimo perímetro (dos kilómetros) de una de las fortalezas más grandes (18 hectáreas), impresionantes, bellas y antiguas que se conservan en España. A continuación recojo las fotos que hice y los datos que he estado recopilando durante toda la semana sobre la historia de esta fascinante fortaleza.

La historia de este castillo se pierde en los rincones más remotos de la historia de España, ya adentrándose en la leyenda. En el siglo II antes de Cristo la población galaica de Erizana (hoy Bayona, o Baiona en gallego) habría estado fortificada en la península del Monte del Buey (Monte do Boi en gallego), donde se asienta el actual castillo. La fortificación fue sitiada por el cónsul romano Flavio Serviliano, que ante la tenaz resistencia ofrecida por sus ocupantes, intentó asaltarla sin éxito desde el mar. Habiendo amenazado Serviliano con pasar a cuchillo a todos los sitiados si no se rendían, éstos espetaron al romano: “Oro y plata no tenemos para comprar la libertad; pero hierro nos sobra para defenderla”. Por fortuna para ellos el caudillo lusitano Viriato acudió en su auxilio y liberó Erizana tras acorralar a los romanos contra las montañas.

La fortaleza de Erizana vuelve a aparecer en los albores de la historia junto al nombre de Julio César, que llegó a sus puertas al frente de 30 cohortes (es decir, posiblemente más de 14.000 legionarios) en el año 60 antes de Cristo en su persecución contra la tribu lusitana de los herminios, enemiga de Roma, que se había refugiado en Erizana y después huyó a las Islas Cíes. El primer asalto romano fue un desastre, salvándose sólo un hombre, Publio Esceva, que consiguió llegar a nado hasta Erizana. Julio César decidió esperar allí a la llegada de su flota procedente de Cádiz para completar la campaña. Seguramente en aquella época, para albergar semejante tropa y a la vez controlar los posibles movimientos de los herminios desde las Cíes, César habría instalado su castellum en la otrora fortificación galaica del Monte del Buey, lugar idóneo para sostener el bloqueo de las Cíes.

Tras la caída del Imperio romano y del reino suevo de Gallaecia, en el año 587 después de Cristo Erizana fue tomada por el rey visigodo Recaredo. Cuando ya casi se cumplían dos décadas del desembarco de Tarik en Gibraltar, en 730 conquistaron la plaza de Erizana los sarracenos, arrasándola y dejándola desierta. No obstante, poco duró aquí el dominio musulmán, pues en el año 750 se hizo con el lugar Alfonso I El Católico, Rey de Asturias, en su campaña de anexión de Galicia y Portugal. Pero las calamidades no habían acabado para Erizana. En los siglos siguientes fue atacada por los normandos, que destruyeron su puerto. Pero la peor parte le llegó cuando en el año 997, en su campaña en tierras galaicas, llegó a los muros de Erizana el caudillo musulmán Almanzor, arrasando su fortaleza, en la que ya figuraba uno de los elementos más antiguos del actual castillo, la conocida como Torre del Príncipe, usada entonces como faro marítimo. Dos años después del ataque de Almanzor el recién coronado rey Alfonso V de León inició la reconstrucción del castillo y de la cirada torre.

La citada torre sirvió de prisión en 1130 para Alfonso Enríquez, futuro primer rey de Portugal. El cautiverio del portugués se produjo durante una guerra con el rey Alfonso VII de León, quien en agradecimiento al apoyo de sus habitantes en la contienda, otorgó a Erizana -el 27 de julio de ese año- un nuevo nombre con estas palabras, según Ambrosio de Morales: “Et nolumus ut vocetur (ut antea) Erizana, sed imponimus ei nomen Vayona”, es decir: “Y no queremos que se llame (como antes) Erizana, sino que le imponemos el nombre de Vayona”. El 7 de mayo de 1201 el rey Alfonso IX de León confirmó el cambio de nombre de la villa con la concesión de una carta-puebla que otorgaba a los habitantes de Erizana y de la vecina localidad de Baredo plena libertad para el comercio marítimo: “Et impono eidem villae de novo nomen Bayona”.

El siglo XIV estuvo salpicado de desgracias para Bayona. En 1331 el Almirante mayor Manuel Pezaña, navegante genovés al servicio del Rey de Portugal, ataca la villa causando graves daños. En medio de las tareas de reconstrucción, el rey Alfonso XI de Castilla firma una cédula para completar la obra de la Torre del Príncipe en el castillo del Monte del Buey. Cuando Bayona intentaba recuperarse del desastre, fue golpeada en 1348 por la peste negra, llegada a través de su puerto y que acaba con la mayor parte de la población. En 1370 un nuevo episodio bélico alcanza a los bayoneses: las Guerras Fernandinas, durante las cuales el rey Fernando I de Portugal asalta la plaza e instala su residencia en el castillo del Monte del Buey, siendo expulsado poco después por las tropas castellanas.

A la larga lista de atacantes que ya habían pasado por Bayona se unen en 1386 los ingleses de Juan de Gante, Duque de Lancaster. Su mariscal Sir Thomas Moriaux, un tipo muy sanguinario, desembarcó en Bayona arrasando casi toda la población. La fortaleza, ya equipada entonces con algunas piezas de artillería, se rindió sin luchar tras situar el inglés a mil arqueros prestos a disparar. Sin embargo, las tropas de la guarnición española tuvieron un fatal destino, pues los ingleses los mataron a todos. La ocupación acabaría en 1388 con el Tratado de Bayona entre el rey Juan I de Castilla y el Duque de Lancaster. Una vez se hubieron marchado los ingleses, el rey castellano dejó sin su señorío sobre la villa de Bayona a Vasco Pérez de Camoens, por no haberla rendido a los del Duque de Lancaster. Bayona pasó a manos de la Corona, pero a la vista de la destrucción causada por los ingleses, el rey dispuso que los bayoneses pasasen a habitar la Península del Monte del Buey, donde se alzaba el castillo. Las tareas de reconstrucción de la villa se prolongaron a durante casi un siglo.

En 1425 el rey Juan II de Castilla concedió a La Coruña y a Bayona el privilegio de ser los únicos puertos de Galicia autorizados para comerciar con el extranjero. Esto marcó el inicio de la época de mayor esplendor de la villa y un aumento de la importancia de su fortaleza.

En 1474 la villa y el castillo son asaltados por Pedro Álvarez de Sotomayor, Conde de Camiña, el más sanguinario de todos los nobles que ha sufrido Galicia, conocido popularmente como Pedro Madruga. Protegido del rey Alfonso V de Portugal, Madruga tomaba parte en la guerra civil castellana en favor de Juana La Beltraneja frente a Isabel La Católica. Madruga pasó a cuchillo a muchos de los vecinos de Bayona, destruyendo e incendiando sus casas. Los que pudieron se refugiaron en el castillo del Monte del Buey. Ante la contraofensiva castellana, las tropas portugueses que apoyaban a Madruga sometieron a sitio a Bayona y su fortaleza, pero la llegada de una numerosa mesnada encabezada por el Arzobispo de Santiago, Alonso de Fonseca, hizo que los portugueses se batiesen en retirada.

Las maldades de Madruga no se detuvieron ahí. En 1485 mandó detener a su enemigo el Obispo de Tuy, Diego de Muros, dándole un trato humillante y encerrándolo en la Torre de la Tenaza (que podéis ver sobre estas líneas). La leyenda asegura que en dicho edificio Madruga hizo construir una celda especial con una pequeña puerta, y que una vez encarcelado el Obispo, el Conde de Camiña hizo que le diesen de comer bien a fin de que engordara… de tal forma que no pudiese salir por la diminuta puerta (¿será la oculta mazmorra que se puede ver en la foto de abajo, en el hueco interior de la torre?). Desconozco la capacidad de ingesta del Obispo, pero el caso es que poco después de aquella afrenta los Reyes Católicos desposeyeron a Madruga de sus posesiones. En enero de 1486 Madruga se encaminó a Castilla en busca del perdón de los monarcas, hallando la muerte en Alba de Tormes en circunstancias no muy claras (enemigos no le faltaban al odioso personaje).

El 1 de marzo de 1493 la Torre del Príncipe del castillo de Monterreal (bajo estas líneas) avista la llegada de un navío célebre: la carabela “La Pinta”, capitaneada por Martín Alonso Pinzón y procedente de América. La arribada del famoso barco convirtió a Bayona en la primera población del Viejo Continente que recibió la noticia del Descubrimiento. “La Pinta” bordeó el castillo de Monterreal, desembarcando Pinzón en la Playa de la Ribeira, situada en el lado oriental del istmo que une la península de Monterreal con la villa de Bayona. En la actualidad se celebra allí cada año, ante los muros del castillo, una representación teatral que recuerda aquel acontecimiento. En lo que respecta al castillo, ante sus muros fue enterrado el primer indio americano muerto en esta orilla del Atlántico después de ser traído a España en “La Pinta”. Recibió sepultura en la llamada Huerta de los Frailes, ante las murallas occidentales del castillo (el nombre de este lugar aún se conserva en la vecina Playa de los Frailes, situada justo al lado).

A pesar de la buena nueva, la desastrosa situación en la que había quedado Bayona tras el asalto de Madruga, justo cuando empezaba a recuperarse de sus desdichas del siglo anterior, hizo que los Reyes Católicos otorgasen una carta-puebla el 15 de enero de 1497 en la que decían: “seria bien que la poblacion de la dicha villa se pasase é mudase á Monte de Buey que es justo con la dicha villa, que ahora Nos mandamos llamar Monte-Real, porque allí estará mas fuerte é mas segura la dicha villa é vecinos della”. Isabel y Fernando señalaban, además, que “es nuestra merced é voluntad que haya en la dicha villa de Monte-Real 200 vecinos é no menos porque si menos viviesen en ella no aprovechará dicha población”. Los monarcas favorecieron el traslado de los bayoneses al interior del castillo con exenciones de impuestos y otros privilegios, de tal forma que según José de Santiago y Ulpiano Nogueira, en el siglo XVI llegó a haber hasta 650 vecinos de Bayona habitando dentro de los muros del castillo, quedando en Bayona sobre todo los pescadores y marineros.

El 27 de agosto de 1500 los Reyes Católicos otorgan a la villa de Monte-Real el privilegio de construir una Casa Consistorial (ayuntamiento) en el interior del castillo. Por aquellas fechas se levantó la Torre del Reloj (sobre estas líneas) a la entrada del castillo, cuyo nombre se debe a que se situó sobre ella una campana forjada en 1510, cuyo precio fue de diez ducados y cuyo sonido servía para alertar a los vecinos y llamarlos a refugiarse en el castillo en caso de ataque.

En 1533 una flota de 56 navíos franceses atacó el puerto de Bayona y su castillo, provocando serios daños. Como las desgracias nunca vienen solas, siete años después la peste hizo nuevamente su entrada en la villa, dejándola casi despoblada.

En 1541 se fundó extramuros del castillo, en su fachada occidental (junto a la Puerta del Pozo), el Convento de San Francisco, habitado por un puñado de religiosos franciscanos venidos de Andalucía. A la presencia de este convento se debe el nombre antes mencionado de la Huerta de los Frailes, pues en el prado que descendía desde el castillo hacia el mar tenían sus cultivos los franciscanos. Durante el siglo XVI el castillo sirvió también de prisión para el Santo Oficio, cuyas acciones en el lugar se centraban sobre todo en el registro de barcos extranjeros. Tal fue el caso de cuatro marinos ingleses presos durante cinco meses en el castillo por la Inquisición en 1575, algo que provocó una queja al rey Felipe II por parte del Corregidor de Bayona.

Hablando de prisiones, en 1568 habría que ubicar una leyenda que dio nombre a la citada Torre del Príncipe (cuyo interior podéis ver sobre estas líneas). Durante cientos de años se ha dicho que en dicha torre fue encerrado nada menos que en Príncipe de Asturias, don Carlos de Austria y Portugal, hijo de Felipe II. El 18 de enero de dicho año, y harto ya de los excesos y abusos de su heredero, el rey mandó encarcelar a don Carlos. Murió seis meses después, sin salir de su confinamiento. Algunas versiones de la leyenda aseguran que con él fue encarcelada una doncella. De hecho, en torno a esa torre existe otra leyenda según la cual una doncella y su pretendiente habrían sido emparedados en ella por orden de un padre furioso con sus amores. Dice la leyenda que los desgarradores lamentos de los amantes se mezclaban con el rugido de las olas y el viento en los días de temporal. Pero volvamos a la historia.

En la segunda mitad del siglo XVI se derribó la antigua Torre del Príncipe para levantarla de nuevo. Usada como atalaya para observar el mar, dicha torre se vio rodeada entonces de un nuevo baluarte, todo ello bajo la dirección del ingeniero Juan de Zurita. En 1579 el rey Felipe II envió a Bayona al ingeniero Giorgio Palearo Fratín, para estudiar la mejora de la fortificación, cuya antigua construcción medieval se había quedado anticuada ante el uso de la artillería. Precisamente Fratín es el autor de este plano en el que se muestra su proyecto de baluartes para el castillo de Monterreal en 1595 (publicado por José Ramón Soraluce Blond en “El Reino de Galicia en la monarquía de Felipe II”, 1998):

En 1580 se construyó en Monte-Real un pozo de agua dulce (bajo estas líneas) para abastecer a la guarnición y a la población civil, pozo que aún se conserva y que podéis ver en las fotos que incluyo en esta entrada. La construcción original de este pozo se atribuye a los romanos. La obra del siglo XVI es de planta cuadrada, cerrada con un techo almenado con cuatro arcos ojivales.

Al interior del pozo se accede por una pequeña puerta que da a una escalera de 46 peldaños. El pozo está sostenido por 48 columnas rectangulares de granito. A través de una pequeña ventana que hay junto a la puerta y de uno de los arcos del techo pude hacer las fotos del interior (a simple vista estaba tan oscuro que no se distinguía nada). Aún hay agua en el fondo. El pozo se ubicó en la zona occidental del castillo, junto a la que hoy se conoce como Puerta del Pozo, desde la que se bajaba a la ya mencionada Huerta de los Frailes.

En 1583 el rey Felipe II ordena trasladar al interior de las murallas el convento de los franciscanos, debido a lo expuestos que estaban en caso de ataque según un informe remitido por el gobernador del castillo, Pedro Bermúdez de Santís. Los frailes se mudaron a las llamadas Casas de San Juan de Mendoza, dentro de la fortaleza, pero eso sí, conservando su viejo huerto fuera de los muros. El rey también dio al guardián del convento el título de Capellán de esa plaza fuerte. Del convento instalado en las Casas de San Juan ya sólo queda su cúpula, hoy integrada en el moderno Parador, y la imagen de la Virgen de las Angustias que ocupaba uno de los altares de la Iglesia conventual. Hoy en día esta imagen ocupa una hornacina situada en el exterior de la muralla de la Batería de Santiago (que podéis ver bajo estas líneas), sirviendo de recibimiento a los marineros que llegan a Bayona.

En 1585 el corsario inglés Sir Francis Drake desembarcó en las proximidades de Bayona y bombardeó la villa, haciendo huir a la población. El corsario usó como base de su ataque las Islas Cíes, junto a las que había fondeado su flota de 30 navíos. Tras capturar una barca de pesca, el pirata había sabido que la fortaleza de Monterreal estaba defendida por una guarnición de sólo 200 hombres, por lo que se decidió a atacarla. Pero ni tal flota con sus 3.000 hombres fue incapaz de tomar la fortaleza de Monterreal debido a sus formidables defensas y a la resistencia ofrecida por las tropas del Comendador Pedro Bermúdez, a las que se sumaron 300 hombres enviados por Diego Sarmiento de Acuña, Señor de Salvatierra (que llegaron a la fortaleza pasada la media noche), y los paisanos de Bayona -armados con picas y arcabuces- que habían sido alertados por orden de Bermúdez haciendo sonar la campana de la Torre del Reloj: en total llegaron a congregarse dentro de las murallas, durante aquella batalla, 5.000 hombres bien armados y 200 caballos, según contó el historiador vigués José de Santiago y Gómez. Para colmo de desdichas, los ingleses tuvieron que hacer frente a las inclemencias de un temporal.

El 8 de julio de 1591 el rey Felipe II mediante una real licencia mandó reforzar la fortificación y la guarnición de Monte-Real. Para garantizar el abastecimiento de pan en caso de un ataque (pues los molinos de agua estaban en la villa de Bayona, fuera del castillo), se ordenó la construcción de seis molinos en lo alto de Monte-Real. Para hacernos una idea del estado de la fortaleza por aquel entonces basta con leer el testimonio de Fernando de Peñalosa en 1592:

“Esta fortaleza estaba rota y abierta por muchas partes y no tenia puerta ni casa de aposento, por estar todo roto y no ser fuerza bastante para defenderse, sin una casa fuerte que la cercara y sin muralla de la villa. El tiempo que se guardó por fortaleza tenía por cada lado de la muralla un torreón terraplenado que no se podia pasar a ella, y en medio de estos torreones otra torre que llamaban del homenaje, muy alta, terraplenada, con sus almenas. Después que en la villa de Monterreal hubo presidio, y se guardó por orden del Marqués de Cerralbo, se abrieron aquellos torreones, se pasaba por ellos libremente y se cortó la torre hasta que se hizo lo mismo con la muralla y la fortaleza. No había artillería, ni pólvora, ni munición, ni caballero, ni cosa necesaria, ni como estaba se podía defender. Para repararla era menester hacer caballeros, dotarla de artillería, cercarla y hacer otras varias cosas de mucho coste, según se reconoció en la visita que a la fortaleza hizo el Marqués de Cerralbo acompañado del ingeniero Fratin por orden de S.M.”

A finales de 1596 Felipe II ordenó reunir una flota de noventa y ocho navíos y dieciséis mil soldados y marineros ante el castillo de Monterreal. Partió de Bayona el 27 de octubre de ese año con el objetivo de destruir a los piratas ingleses que se dedicaban a atacar las costas gallegas, y finalmente liberar a la católica Irlanda. Un temporal dio al traste con los planes del monarca español.

En 1605 de los 650 habitantes que había tenido la villa de Monte-Real dentro de los muros del castillo ya sólo quedaban 250, lo cual dejaba las defensas muy mermadas (pues los vecinos ayudaban a la también escasa guarnición como piqueros y artilleros en caso de ataque), ante lo cual el 11 de mayo de ese año Felipe III renovó los privilegios y exenciones que ya habían concedido los Reyes Católicos a dicha villa en 1497. A esa pequeña población se accedía por la Puerta del Sol, la más antigua de la fortaleza y que podéis ver sobre estas líneas. En la parte exterior de esta puerta, sobre el dintel, se conserva un escudo de España sin corona, el único vestigio que se conserva del antiguo Palacio de Justicia que existía en el interior de la fortaleza y que sirvió de prisión pública.

Junto al ya mencionado pozo de 1580 se construyó en 1642 una cisterna subterránea de grandes dimensiones, con sillares de cantería (por desgracia no tengo fotos de ella), haciéndose cargo de la obra el maestro coruñés Antonio Martínez. No obstante, la villa de Monterreal estaba ya próxima a desaparecer. En 1656 Juan Feijóo de Sotomayor, maestre de campo y gobernador militar de Bayona, ordenó destruir 400 casas que había en el interior de las murallas, a fin de mejorar la defensa de la fortaleza. La orden incluyó a la Capilla de la Misericordia, una pequeña iglesia construida en la entrada de la fortaleza en 1595 por orden de Felipe II. Afortunadamente la Iglesia fue trasladada a Bayona, situándose ante el actual ayuntamiento de la villa.

En enero de 1809, durante la Guerra de Independencia y después de ocupar Vigo, las tropas del mariscal francés Soult asaltaron Bayona y el Castillo de Monterreal. Los bayoneses ayudaron a liberar la plaza con la ayuda de tropas portuguesas bajo el mando del teniente João de Almeida.

El Estado declaró inútil el castillo en 1834, pero aún protagonizó un último hecho de armas con motivo del pronunciamiento militar del general Iriarte en Vigo, el 24 de octubre de 1843, un golpe de signo liberal. Iriarte envió desde Vigo una pequeña columna de tropas a Bayona, a fin de tomar la villa y su castillo. Según contó el historiador vigués José de Santiago y Gómez, la columna fue rechazada a cañonazos desde el Castillo de Monterreal, sufriendo los atacantes 11 muertos y muchos heridos. Ésa fue la última vez que se dispararon los cañones del castillo. Los cañones que se conservan en la Batería de San Antón (sobre estas líneas) llevan la inscripción “Truvia 1853″, por lo que son posteriores a esa fecha.

En 1859 una Real Orden marcó el fin de Monterreal como fortaleza militar, disponiendo su abandono. En 1872 el Estado anunció su venta en subasta pública. En 1877 adquirió el castillo el ingeniero y político conservador José Elduayen Gorriti, marqués del Pazo de la Merced, que instaló su residencia entre las viejas murallas en un bello palacete (podéis verlo en una foto antigua bajo estas líneas) construido en 1880 sobre la base del antiguo convento franciscano y su Iglesia.

En 1963 el Estado adquirió la fortaleza. El bello palacio construido por Elduayen fue derribado para construir el actual Parador Nacional Conde de Gondomar (creo que el castillo perdió mucho con semejante cambio), inaugurado en 1966. Juzgad vosotros mismos:

Al tiempo que se levantó el Parador se hizo una restauración de las viejas murallas, almenándolas al estilo medieval incluso en muchos sitios no había almenas, como ocurre con el Baluarte de la Concheira (bajo estas líneas), en el extremo suroccidental de la fortaleza, donde incluso las antiguas troneras de los cañones -lo típico de una muralla del siglo XVI- fueron cubiertas y coronadas con almenas, una tendencia “castillista” que prima el sentido estético sobre el histórico:

En 1975 se construyó en el interior del castillo, cerca del Parador, una capilla dedicada a la Virgen del Carmen (bajo estas líneas), obra del arquitecto Jesús Valverde Viñas. El templo tiene un estilo muy austero de aire medieval, y en su frontal dispone de un amplio porche.

En torno a esta capilla y en otras zonas arboladas del castillo se puede encontrar no sólo a turistas y a curiosos, sino también algunos conejos (yo vi dos, entre ellos éste que comía flores):

Lamentablemente del interior del castillo desaparecieron el Convento, la Casa del Corregidor, los cuarteles de la guarnición, el Palacio de Justicia y el palacio gótico que servía de residencia al Conde de Gondomar. De ellos sólo queda una arboleda y piedras sueltas en el interior de las murallas. De las antiguas viviendas ya sólo queda en pie la casa medieval levantada por Pedro Madruga para convertirse en su residencia en la fortaleza (bajo estas líneas). Este edificio, hoy en ruinas, también se conoció con el nombre de “Almacén de Madruga”, pues tiempo después de abandonar su uso señorial, sirvió para almacenar granadas, pólvora y balas de cañón para la defensa de la fortaleza:

El 20 de enero de 1995 se inauguró el Paseo Monte Boi, de 2 kilómetros, que rodea las murallas partiendo de la Playa de la Concheira y terminando en la Torre del Reloj:

Una de las curiosidades de este paseo es un pequeño castillo construido al mismo tiempo que el paseo, casi al pie de las olas:

Junto a él se pueden ver los muros de lo que debieron ser los antiguos muelles de Monterreal, hoy inundados por las olas en cuanto sube la marea.

Os dejo aquí con una selección de la serie de fotos que hice el pasado domingo en el castillo:

Y aquí con un vídeo que muestra las magníficas vistas y recoge el rugido del oleaje desde el Baluarte del Príncipe:

La entrada a pie al recinto de la fortaleza cuesta 1 euro, o 5 euros si se entra en coche (el precio merece la pena). Pasear por el Paseo Monte Boi es totalmente gratuito. Por si algún día os animáis a visitar este bello castillo, aquí está su ubicación en Google Maps:


Ver mapa más grande

Otras entradas sobre Bayona:

Una justa medieval en Bayona
Bayona de noche
La Batería J-4 Cabo Silleiro
En los oscuros túneles bajo la montaña: un paseo por las ruinas subterráneas de Silleiro
El búnker de vigilancia de Silleiro
Los aljibes de la batería de artillería J-4 de Cabo Silleiro
Las casas de la batería de Silleiro

Otras entradas sobre fortificaciones gallegas:

El Castillo de Sobroso
La Fortaleza de Salvatierra de Miño
El Castillo de Monterrey, en Verín
Castillo de los Sarmiento
La Torre de San Saturnino
Torre de Tebra
La Atalaya de La Guardia

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Comentarios (Blog):

  1. Añadido a la lista de sitios a visitar :). Muy chula la entrada.

  2. Marcial

    :ok:”Peaso” de entrada . Me encantará visitarlo (cuando vaya a Galicia) :dance:.

  3. Genjo

    Te resultará interesante el libro de Philipot sobre Cristóbal Colón. Propone hipótesis plausibles sobre la relación entre el descubridor y el conde de Camiña.

  4. Jacklosky

    Dilecto Elentir,

    ¿Sabrías decirme que son esas enormes piscinas marítimas de piedra, hoy ya venidas a menos y roturadas, que hay cerca de la playa de los frailes, pero hacia mar abierto?

    ¡Muchas gracias!

  5. Esas “piscinas” creo que son los antiguos muelles de Monterreal, me refiero a ellos hacia el final de la entrada. Hace unas décadas estaban cubiertos, tengo alguna foto antigua donde se ve como eran entonces.

  6. El Tíol Bastón

    Me suena haber oído decir que esas piscinas eran cetáreas.

  7. Precioso estimado Elentir, se nota que aprovechaste bien el día de la huelga, en vez de andar a quemar contenedores por la ciudad como otros.

    Saludos desde LA CORRUPCIÓN QUE NOS INVADE

  8. Conchita

    “Oro y plata no tenemos para comprar la libertad; pero hierro nos sobra para defenderla”.

    ¡Cómo hemos cambiado!

    Fantástica entrada :)

  9. Para mi Bayona es la ciudad más bonita de Galicia. hace tiempo que no voy. Me encantó toda esa información.

  10. laura

    Me encantaría que alguien se dedicase a estudiar la iglesia de Baiona, la que está arriba, cerca de un cruceiro espectacular.Seguro que su historia es tan apasionante como la del parador.Me ha encantado tu artículo, creo que pocos saben la importancia de estos lugares.

  11. Javier

    Excelente trabajo el que has hecho. Yo tengo residencia en Bayona para las vacaciones. En verano puedo decir que hago ese recorrido todos los días y, despues de varios años, aún no ha llegado el día que me canse. Fue una lástima que se derribase el palacete de Elduayen. Él tambien fue un importante benefactor de la villa pues construyó la carretera que va de Vigo a Bayona y el malecón que actualmente lleva su nombre. Muy cerca de la casa medieval que citas de Pedro Madruga es posible ver amontonadas muchas piedras labradas artísticamente y que sospecho pertenecían a ese palacete. En cuanto a las piscinas, las informaciones que conozco es que eran cetáreas. No hace mucho el ayuntamiento de Bayona comunicó la restauración de alguna de ellas, no obstante, como las cosas no andan bien, igual esperan tiempos mejores.

  12. Gracias, Javier. ;-) Yo nunca me canso de pasear por Bayona, y lo mismo por su castillo.

    Sobre las piedras que dices que hay cerca de la Casa de Madruga, les dediqué esta entrada:

    http://www.outono.net/elentir/2012/05/08/bayona-la-casa-de-pedro-madruga/

    En efecto, deben ser restos del palacio de Elduayen. Me parece una vergüenza que los hayan dejado así, como si fuesen basura…

  13. Javier

    Si, efectivamente a esas piedras me refería. Menos mal que están dentro del recinto, de otra manera ya hubieran desaparecido. Por su apariencia da a entender que cuando “limpiaron” los restos del palacio para construir el parador se ve que les dió lástima tirar estas partes más trabajadas y alguien decidió apilarlas por si algún día se reutilizaban.

  14. Excelente trabajo, precioso Bayona, me encantó es una lastima que esté tan lejos de madrid para poder ir mas a menudo.

  15. Roberto Briasco

    El verso que me comentó mi abuelo, que creo era, Si quieres que arda Baiona, prendele fuego al Castillo, y verás como.se unen tu corazón con el mío, eso me lo recitaba mi abuelo en Buenos Aires, existe tal poesía, es real

  16. Sofía.

    Hola,yo soy de Bayona. Veréis esas”piscinas” eran cetáreas que ahora ya no se usan y algunos marineros de ahí dicen que tambien fue un sitio en el cual recogían mejillones. Además llegando al malecón antiguamente había un balneario marítimo, el agua que entraba por unas compuertas provenían del mar y hace poco lo arreglaron por lo que ahora se puede ver como era.

    Bayona es un buen lugar para visitar y pasar las vacaciones, saludos. ;)

  17. Muchas gracias por la información, Sofía. ;-) Tiempo después de escribir esta entrada me comentó lo de las cetáreas uno de los más veteranos miembros del personal del Parador, pero hasta ahora no he tenido tiempo de ponerlo aquí.

    Y sí, Bayona es un lugar precioso, de lo mejor de las Rías Bajas. :-)

  18. joan romance

    Gracias por este magnifico reportaje histórico/fotográfico. He pasado con mi esposa 10 días el pasado mes de julio en esta Parador y es magnifico ya nos gusto el año pasado y por esto repetimos.
    Nos impresionó Baiona en sus procesiones, somo amigos del rector el “señorabá”como le gusta que le llamen, participamos en la procesión de la Virgen del CARMEN; de santa LIBERATA que es del pueblo y en la preparación de “la ANUNCIATA” en medio la gran fiesta gallega la de SANTIAGO, patrón de las ESPAÑAS (entiendo que toda Hispanoamérica, Filipinas y demás forman las ESPAÑAS) y la de la parroquia muy cercana la de santa CRISTINA, todo el pueblo las respeta tengan o no FE, se guarda respetuoso silencio, se retiran las mesas, silla, toneles etc, de los bares en sus estrechas calles, se aparta la población a su paso, etc. ¡Que mas quisieramos que en Cataluña se encontrase este respeto!

    Repito muchas gracias por este blog.

    Un saludo

    JOAN

  19. Alejandro guerrero estevez

    K bonita es Bayona, gracias x contarnos su Historia asi, enganchas de verdad.

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